El Hombre está compuesto material y espiritualmente. Está dotado de valores permanentes como son el amor, la verdad, la justicia, la solidaridad, la libertad y la búsqueda de trascendencia. Por esto, es natural que tienda por sí mismo al bien común. Tanto el egoísmo - con el que el liberalismo intenta justificarse- como el odio – al cual el marxismo busca exacerbar – son disvalores. Como el frio, que nada es sino ausencia de calor. Estos disvalores existen por una determinada ausencia en tiempo y espacio del amor y la solidaridad. El peligro de las ideologías es que, en lugar de utilizar a las ideas como herramientas para trabajar en la realidad, intentan adaptar la realidad a las ideas. De esta forma, el liberalismo logró imponer la mentira de que la historia se ordena a través de la acción individual y el marxismo, por su parte, que lo hace a través de la lucha de clases. Convenientemente, ambos prestan nula atención al mundo greco-romano como así también a las “islas pensantes...
Comentarios
Publicar un comentario